‘Buscando a Eimish’: Sin derecho a réplica

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noviembre 12, 2012

Una de las situaciones m?s odiosas y que desgraciadamente con m?s frecuencia se dan en cualquier relaci?n de pareja es aquella en la que uno de los dos enamorados se enfada terriblemente con su media naranja, y para expresar su ira no se le ocurre nada mejor que soltar de sopet?n y de la manera m?s contundente posible todas las razones que explican su actual enajenaci?n. Hasta aqu? nada especialmente destacable. Lo que s? merece m?s atenci?n es aquel gesto tan matador que consiste en largarse justo despu?s de haber echado la bronca. Dejar al receptor del chaparr?n a solas con la dur?sima digesti?n del mensaje, y lo que es m?s importante, irse justo a tiempo para que el otro no tenga tiempo a responder, creando as? la ilusi?n de que, por falta de respuesta, se ha logrado la victoria en una discusi?n que jam?s deber?a haber empezado. De forma muy similar arranca ‘Buscando a Eimish’, la ?pera prima de Ana Rodr?guez Rosell. Un joven con gafas que parecen pesar m?s que ?l coge un tren y recorre media Europa para buscar al amor de su vida, quien le ha dejado plantado dejando como ?nico recuerdo una amarga nota en la que se deja claro que su relaci?n no iba a ning?n sitio, supuestamente, por la nula voluntad de ?l a la hora de tener ni?os. La materia de la discordia es todo un cl?sico, y ciertamente puede llegar a ser un obst?culo insalvable… lo cual para nada justifica la pu?alada trapera de marcharse a la francesa privando del sagrado derecho a r?plica. Mal por ella. Y mal por ?l tambi?n, ya que lejos de arrojar la toalla, se pone a babear cual perro abandonado y a seguir el rastro de su querido ama, sin saber que actuando as?, no hace m?s que incentivar una nueva perreta por parte de la novia, cada vez que ?sta vuelva a ver que las cosas no van exactamente como ella lo hab?a so?ado. M?s grave a?n es el hecho de que la fatal decisi?n tomada por el c?nido abandonado sea la principal raz?n por la que ahora mismo toque hablar de una pel?cula tan lamentable como ‘Buscando a Eimish’. Plenamente situada en la peor tradici?n modernillista del mainstream ”anti-mainstream”, las cartas no tardan en ser ense?adas…y el horror empieza a fluir. M?s que tratarse del cansino estilo (con su consabida elecci?n musical, su ritmo calculadamente lento, su abundancia de caras de circunstancias que supuestamente deben a?adirle profundidad a la propuesta), que a malas puede ser perdonado, ni que sea por lo acostumbrados a ?l -por puro bombardeo- que estamos a estas alturas, sino m?s bien porque absolutamente ninguna pieza de engranaje funciona bien. Peor a?n, la mayor parte de ellas parece que est?n colocadas all? donde no hacen falta… incluso all? donde estorban. El montaje, por definici?n eje vertebrador de la narraci?n en este arte, va destapando a ritmo vertiginoso las carencias del filme. El excesivamente brusco y torpe encadenado entre los distintos escenarios es tan solo la punta del iceberg de un conjunto que efectivamente se ahoga en su propia incompetencia. Al gui?n, rid?culo en su desesperada b?squeda de la fachada cool, le cae el flaco favor por parte del elenco de actores, en el que no hay ni uno solo que se crea dos frases seguidas de las que est? vomitando… y con raz?n. Uno de los efectos colaterales en medio de tanto desprop?sito: el desenamoramiento s?bito hacia Manuela Vell?s, reina del grito en la deliciosamente brutal ‘Secuestrados’, de Miguel ?ngel Vivas, quien ahora ejerce de escurridiza novia. El recuento de da?os llega a l?mites insostenibles cuando se suceden sin parar situaciones absurdas, di?logos totalmente desvinculados del mundo real (de acuerdo con que el factor emigratorio est? especialmente agudizado en ?poca de crisis, pero ?no es un poco pronto para creernos que en Alemania todo el mundo habla castellano?) y ese insoportable s?ndrome de la depresi?n por falta de atenci?n recibida que hoy en d?a sufre demasiada gente… y que por ello es fruto de tantos y tantos conflictos sobre el papel prescindibles. El bobalic?n personaje encarnado por ?scar pica de lleno, y recorre medio viejo continente para hacerle caso a una persona que en realidad necesita estar sola. Como para no sentir l?stima por ?l… y por el p?blico que pague una entrada para ver este insufrible melodrama que, reflexionando sobre el querer y el ser querido, cree alcanzar lo trascendental, cuando en realidad no llega ni a memez. Dicho esto, a correr sin mirara atr?s, antes de que los afectados contesten. No se merecen este lujo. Nota: 2 / 10 por V?ctor Esquirol Molinas


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