Geraldine Chaplin, ”fan” del cine latino

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noviembre 12, 2012

MORELIA, MICHOACÁN (12/NOV/2012).- Es hija de una leyenda, pero forjó su propio nombre en el mundo artístico. Es una mujer que ha sabido elegir bien cada proyecto en el que participa, pero también reconoce que se le han ido algunos papeles. Es la favorita de los directores europeos y estadounidenses, pero ella prefiere buscar nuevas oportunidades en Latinoamérica. Es Geraldine: actriz, bailarina, esposa, madre, hija y, el sábado, una de las visitantes más distinguidas que puso pie en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), que terminó este fin de semana en la capital purépecha.

Delgada, con los ojos siempre despiertos, con una sonrisa que acompaña a cada palabra y hablando un español tan fluido como su francés o inglés, Geraldine Leigh Chaplin fue la última estrella en hacer acto de presencia en la décima edición del FICM, y fue también una de las que dejó una de las huellas más profundas en la fiesta fílmica, ya fuera por la simpatía con la que trató al público y a los medios o ya fuera por la cantidad de anécdotas que llegó para contar.

La hija de Charles Chaplin (Santa Mónica, Califoria, 1944) se dijo “afortunada” de haber tenido el padre que tuvo. Y sí, estuvo consciente desde muy pequeña que su progenitor era una de las figuras más grandes de la cinematografía mundial. “Yo sabía desde que comencé a razonar que mi papá era el hombre más famosos del mundo”.

La actriz ofreció una charla en el Teatro Rubén Romero en pleno corazón de Morelia, donde confesó que, siendo una niña, le costaba trabajo creer que hubiera gente que no conocía a su famoso padre. “El primer recuerdo más terrible de mi vida sucedió cuando yo tenía siete años y mi hermano cinco. Pasó que un día salimos a la calle y le dijimos a una señora ‘somos los hijos de Charles Chaplin’, y ella respondió ‘¿y quién es ése?’ ¡Ese fue un shock muy grande! Creímos que todo el mundo conocía a mi papá hasta entonces. Pero de repente nos dimos cuenta que no. Ideas como ‘igual no es verdad, igual es mentira, igual no es el más famoso del mundo. Igual nos engañaron (risas)’ llenaron mi mente. Era una niña muy ingenua”.

La transformación en musa

Geraldine no le da la vuelta a los temas durante la charla. Escucha atenta cada pregunta. Sonríe antes de responder. No permite que ningún tema se le escape. Las anécdotas caen como cascada, una tras otra.

Sobre Juan Antonio Bayona, la actriz lo calificó como “un joven muy atrevido. Lo conocí porque un día llegó a mi casa sin presentarse. Lo primero que me dijo fue ‘te vi en la tele, en un programa basura, quiero trabajar contigo’. ¡Qué atrevido! Me propuso el papel de médium en El orfanato, un trabajo que amé. Desde entonces, Bayona me saca en todas sus películas, de lo que sea, dice que le doy suerte (risas)”.

Para Chaplin, cada director le ha dado la oportunidad de crecer de forma diferente. Cree que algunos trabajan mejor con la cabeza que con el corazón. Otros al revés. Y son pocos los que son capaces de combinar la inteligencia con la pasión (ella menciona a Pedro Almodóvar como el principal).

Se resiste a decir si tiene algún favorito, pero reconoce que hay uno que la dejó marcada: Robert Altman. “Es el que me enseñó a mostrar algo de mí que ni yo conocía. “En ‘Nashville’ (1975), el primer día de rodaje tiró a la basura los guiones y nos dijo que nosotros teníamos que crear los diálogos. Me hizo improvisar, bueno, nos hizo improvisar a todos. Yo jamás lo había hecho antes. Sacó de mí y de todos los actores cosas que no sabía que teníamos”.

Autodefinida como una bailarina frustrada (“en mi mente yo bailo muy bien, pero mi cuerpo me muestra lo contrario”, afirmó), Geraldine Chaplin ha rodado en Europa y Estados Unidos buena parte de su historia fílmica, aunque es América Latina donde se encuentra buscando sus próximos proyectos.

“Me gusta trabajar con el talento que empieza. Creo que en esta generación hay un muchísimo y tan grande. El cine de verdad es aquí (México), en Colombia. Creo que el cine que me gusta se encuentra en este continente”.

En los hombros de una leyenda

Muchos “hijos de actores” crecen con un complejo de odio hacia sus padres. Viven eternamente a la sombra y son comparados en todo momento. El apellido se convierte en una cadena asfixiante. Pero Geraldine Chaplin se siente bendita por ser la hija de quién es.

“Cuando trabajé con Jane Fonda, ella tenía cierto complejo hacia su padre, Henry Fonda. Ella estaba obsesionada con él de una forma muy rara, todo lo hacía para superarlo. Yo estoy orgullosa del mío, porque es el hombre más querido de todo el planeta”.

A Geraldine le tocó conocer a Charles Chaplin cuando el actor ya se encontraba en la madurez de su vida y en el ocaso de su carrera. Aun así, lo considera uno de los grandes genios del cine. “Me tocó ser dirigida por él en la película La condesa de Hong Kong (1967). Mi papá sufría mucho en esa época. Las críticas fueron malísimas. Creo que esperaban que Chaplin cambiara el mundo otra vez. Allí comenzó la muerte de mi papá, con esas críticas, se sintió muy desanimado. Posteriormente su salud empeoró”.

Geraldine confesó que no tiene una película favorita de Charles Chaplin. “Mi favorita siempre es la última que vi de él. Pero una especial es El chico. Siempre me digo, ‘no, ahora no voy a llorar si la veo’, y siempre lloro”.

Dicharachero y genial. Así lo pinta la protagonista de ”Doctor Zhivago”. Un hombre que creía que el cine sonoro era una moda que sólo duraría tres años y que le dejó una valiosa lección. “Mi papá decía que el talento no servía de nada, porque todo mundo lo tenía. Gente talentosa hay en todos lados. Lo que hacía la diferencia era el trabajo duro. Sigo creyéndolo”.

FRASE

“El cine no puede cambiar al mundo. Lo aprendí con los años. Pero también aprendí que puede cambiar la perspectiva con la que lo observamos.”

Geraldine Chaplin, actriz

El informador entretenimiento

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