Stanford utiliza el supercomputador Sequoia para simular turbulencias

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febrero 1, 2013

Según la última clasificación de supercomputadores publicada por Top500, Sequoia es el segundo más potente del panorama con sus 16 petaflops (es decir, operaciones de coma flotante por segundo) y sus impresionantes 1,5 millones de núcleos. Esta enorme infraestructura desarrollada por IBM para el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore del Departamento de Energía de Estados Unidos, constituye un estupendo entorno sobre el que realizar grandes simulaciones y cálculos de gran complejidad; algo que un equipo de investigación de la Universidad de Stanford está aprovechando para realizar simulaciones sobre las turbulencias que sufrimos en los aviones y minimizar así el impacto de éstas sobre el fuselaje de los aviones.

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Los 1.572.864 núcleos de Sequoia junto a sus 1,6 petabytes de memoria son la base sobre la cual están trabajando los investigadores del Centro de Investigación de Turbulencias de la Universidad de Stanford para realizar simulaciones complejas sobre dinámica de fluidos que permitan desarrollar motores de avión mucho más silenciosos.

¿Y por qué usar un supercomputador para realizar este tipo de simulaciones? ¿Qué valor aportan este tipo de infraestructuras? Sequoia aporta una gran potencia de cálculo, es decir, una enorme capacidad de proceso en paralelo que permite plantear modelos de cálculo muy complejos que estén compuestos de un elevado número de variables a simular. En el caso concreto de este proyecto de investigación, la capacidad de proceso de Sequoia permitirá a los investigadores modelar el funcionamiento de los motores de avión con gran precisión y obtener los valores del ruido que generan en base a la velocidad de estos.

Además, con el tiempo, el equipo de investigación aspira a realizar simulaciones de otros aspectos vinculados a la aeronaútica como el comportamiento de las turbulencias sobre el ala del avión o el funcionamiento de los motores de un avión durante un vuelo supersónico; unas simulaciones que, hasta la fecha, siempre solían “tocar techo” en los simuladores de muchos centros de investigación y, debido a su complejidad, los cálculos formaban cuellos de botella al requerir más potencia de cálculo que la que tenían los sistemas utilizados.

Con aplicaciones prácticas como ésta, queda bastante claro que Sequoia es todo un peso pesado en el universo de la supercomputación.

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