Todos fueron niños en la Casa de Disney Junior

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noviembre 12, 2012

GUADALAJARA, JALISCO (11/NOV/2012).- Fue un domingo para regresar a la infancia. Pese a que la mayoría de los asistentes al Teatro Diana -que mostró pocos asientos vacíos- eran niños, los padres de familia no pudieron contener la risa y la emoción por lo que en el escenario pasaba.

La Casa de Disney Junior, ese show sacado desde la mismísima televisión, logró que el público no parara de reír, cantar, aplaudir y hasta aprender.

La cita fue a las 12:00 horas, primera función del día. Antes de que se abriera el telón y dejara la casa de dos pisos al descubierto, todos ocupaban sus asientos presurosos. Las voces infantiles sobresalían sobre todo. Los papás ni siquiera se esforzaron por controlarlos; que se diviertan, qué más da, que para eso fueron.

Los ánimos estallaron cuando quedó a la vista la puesta en escena. Fer y Liesi comenzaron con el desplante de energía que duraría una hora y media. A comenzar el show como se comienza el día: ese esfuerzo por levantarse, asearse, vestirse y desayunar, que inspiró a la primera canción de un espectáculo integrado también por otros seis bailarines.

La actuación no sólo se quedó en el escenario. Los gritos aumentaron su intensidad cuando Fer y Liesi corrieron entre los pasillos para saludar a los más pequeños. Los que estaban en las filas de atrás no esperaron a que llegaran hasta ellos; prefirieron levantarse y correr a darles la mano a los jóvenes actores. Preferible abandonar el asiento momentáneamente a sentirse excluido.

Además de toda la energía y el ánimo, el show fue casi como ir a la escuela. Seguramente los niños no lo sintieron así, aunque, cuando Fer preguntó si les gustaba ir a estudiar, todos contestaron que sí. El protagonista prefirió darles el beneficio de la duda.

Las canciones sobre los cinco sentidos y los colores en inglés pusieron el toque más didáctico del mediodía. En todo momento, los niños respondieron a gritos cada pregunta lanzada desde el escenario. Si los actores preguntaban “¿Cómo se dice azul en inglés?”, todos los infantes -y seguramente también los adultos- contestaban con un sonoro “¡Blue!”. Si a Fer y Liesi se les “olvidaba” para qué sirve el sentido del tacto, nadie dudaba en responder “¡para tocar!”.

Otras canciones hicieron recordar aquellos juegos que seguramente los más adultos jugaron cuando tenían la edad de sus hijos. Desde el hecho de tener un amigo imaginario para jugar en caso de que no hubiera uno real cerca, hasta las clásicas escondidas en donde cualquier planta era perfecta para simular la fortaleza perfecta. Y como la imaginación sirve para mucho más, también dieron la muestra de cómo se puede viajar por el mundo sin moverse de lugar. Los niños estaban atentos, como pensando: “Sé exactamente de qué hablan”.

Aunque todos querían seguir divirtiéndose, llegó la hora de despedirse. El telón se cerró una vez y, como si fuera un concierto de un artista que no volverá en mucho tiempo, los niños comenzaron a corear el clásico “¡otra! ¡otra! ¡otra!”. Y el show continuó por una canción más.

Al final todos salieron complacidos. Los niños hablando sobre lo bien que la pasaron y al menos un padre diciendo: “Pues no estuvo enfadoso, ¿verdad?”.

EL INFORMADOR / ROBERTO MEDINA

El informador entretenimiento

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